CUADERNO DE BITÁCORA:
El miedo Cara a cara en la fase “ OMEGA - ZEUS ”, 31 - Diciembre - 2011.
Todo parecía salir perfecto, despegamos y como era habitual siempre que teníamos que pasar por ALPHA 37, aunque no quisiéramos siempre sentíamos pasar por nuestros cerebros el recuerdo de esa tenebrosa historia, y aunque nos íbamos acercando a las coordenadas donde decían que había ocurrido la terrorífica leyenda, la gente estaba relativamente tranquila, pues llevábamos unas horas de viaje sin ningún tipo de novedad. Pero al parecer, siempre que todo lo que esta a nuestro alrededor llega a su estado de calma absoluta es cuando surgen las sorpresas desagradables.
Y así paso, como siempre la misma regla de tres, todo tranquilo, nadie ni nada alteraba el ambiente idóneo en el que transcurría el día, cuando desde el puente de mando observamos a través del cristal como una nave enorme se acercaba hacia nosotros muy lentamente, daba la sensación de que no llevaba tripulación alguna en su interior, algo que nos pareció demasiado sospechoso.
Corregimos un poco el rumbo para ponernos a su par y ver un poco más de cerca a semejante bicho metálico, pero cuando íbamos pasando a una distancia prudencial de su flanco derecho, descubrimos que poco a poco a medida que acortábamos distancias podía leer en letras bien grandes su nombre “APEX”, y en letras más pequeñas “Navío de investigación científica estelar”.
Aunque parezca increíble aquella reacción fue unánime e inmediata. El capitán mando poner las baterías a máxima potencia y todos los asistentes actuaron con la precisión y coordinación de un autentico reloj suizo. Debíamos salir cuanto antes del campo de visión de aquella terrorífica nave que tantas veces nos habíamos imaginado en nuestras mentes, y que en estos momentos antes nuestras narices veíamos como de nuevo la realidad superaba a la imaginación mas retorcida del ser humano.
La nave cogió velocidad, y parecía que íbamos muy rápido, pero cuando apenas estábamos a un kilometro de distancia de aquella nave fantasma, apareció aquel pequeño resplandor de dentro de la nave que crecía de manera desmesurada por momentos, y que como contaba la leyenda, iba invadiendo todo a su alrededor.
De repente, todos nos miramos buscando que hacer para poder salir de aquel horrible desenlace que aunque no quisiéramos se veía venir. Pero el capitán no desistía, e inyectaba más y más energía a las baterías, a sabiendas de que nos arriesgábamos a quedarnos sin ellas, para poder seguir nuestro viaje...si es que conseguíamos escapar del resplandor de los ladrones del tiempo, ese que nos mataría a todos y cada uno de nosotros si conseguía envolvernos con su mortal luz.
Poco apoco veíamos como cada vez la distancia era menor entre nuestro luminiscente enemigo y nosotros, y ahora sí que todos estábamos cubiertos de ese sudor frio que solo te lo provoca el mayor de los temores, mientras se va apoderando de ti el pánico más atroz. Y la estela luminosa insistía en darnos caza, mientras nosotros nos seguíamos alejando de la nave fantasma a una velocidad endiablada. Pero no, no parecía ser suficiente, pues por momentos nos comía terreno, hasta que a uno de nuestros científicos se le ocurrió una idea...
Que os parece si expulsamos los misiles que nos quedan, tres apuntando hacia la nave APEX, y el cuarto, lo podríamos hacer explotar a 500 metros de nuestra cola, provocando una ola de calor y luminosidad que en un principio y si mis conocimientos no fallan, podrían frenar el avance de la luz.
Y así fue, nos pusimos manos a la obra, marcamos las coordenadas de cada misil, y sin mediar palabra se dio orden de lanzamiento. Los dos primeros misiles salieron disparados en busca de la nave APEX, y el último salía a toda velocidad para tratar de estallar a quinientos metros de nuestra cola. Todo el mundo con los dedos cruzados, y todos nuestros corazones a doscientas pulsaciones, parecía sentir los latidos en mi boca, y todo mi cuerpo estaba poseído por una tensión nada habitual en mí. Cuando de repente sentimos la primera explosión, pudiendo sentir como temblaba la nave, y por las pantallas que mostraban las imágenes de las cámaras de retaguardia, pudimos observar como después de desvanecerse la onda expansiva y la luz que había provocado la explosión del misil, vimos como no quedaba ni rastro del resplandor que de manera insistente había intentado atraparnos.
Fue en ese momento cuando pude ver como todo el mundo daba un suspiro de alivio, y toda aquella tensión acumulada, se desvanecía mientras todos felicitábamos a nuestro compañero, pero sobre todo a nuestro generoso y más que atrevido capitán.